Flexión y extensión
Se realizan alrededor de un eje mediolateral. Piensa en flexionar el codo para acercar una taza a la boca.
Una guía para leer el gesto, la articulación y el trabajo muscular que lo vuelve posible.
Primer módulo. Conceptos básicos, artrocinemática y sinergias musculares.
El análisis del movimiento parte por observar qué cambia, en qué dirección y alrededor de qué eje. Después aparecen las fuerzas.
La cinemática relata el movimiento visible: posiciones, desplazamientos, velocidades y aceleraciones. Si una persona sube un escalón, permite describir cuánto flexiona la cadera, cómo cambia el ángulo de rodilla y a qué velocidad avanza el cuerpo.
La dinámica responde la otra parte de la pregunta: qué fuerzas y torques hicieron posible ese gesto o lo frenaron. En el escalón entran en juego la gravedad, la reacción del suelo y la acción muscular. Mirar ambos planos evita analizar una marcha como si fuera una película sin sonido.
Un segmento puede trasladarse, girar o combinar ambos movimientos. Las articulaciones muestran sobre todo movimientos angulares, aunque las pequeñas traslaciones entre sus superficies también importan. Más adelante vuelven a aparecer con otro nombre: artrocinemática.
Se realizan alrededor de un eje mediolateral. Piensa en flexionar el codo para acercar una taza a la boca.
Se organizan alrededor de un eje anteroposterior. Elevar el brazo hacia el lado es un ejemplo frecuente.
Ocurren alrededor de un eje longitudinal o vertical. Girar la cabeza para mirar a un lado lo ilustra bien.
El movimiento osteocinemático es el gesto observable. El movimiento artrocinemático mantiene el contacto y la congruencia entre las superficies articulares.
Mientras el segmento cambia de posición, las superficies articulares ruedan, se deslizan o giran una sobre otra. Estos ajustes pequeños permiten que el movimiento amplio ocurra con control.
Una zona nueva de una superficie entra en contacto con una zona nueva de la otra. Durante la abducción glenohumeral, la cabeza del húmero rueda hacia superior.
Una superficie se traslada sobre la otra sin que ambas cambien el punto de contacto al mismo ritmo. En el hombro, el deslizamiento inferior acompaña el rodamiento superior y ayuda a conservar el espacio articular.
Un punto de la superficie gira sobre un eje relativamente fijo. La cabeza del radio realiza este ajuste durante la pronación y la supinación del antebrazo.
Los músculos no trabajan aislados. Cambian de función según el objetivo, la carga, la velocidad y la posición de las articulaciones.
Es el principal responsable de la acción solicitada. En la flexión de codo, el bíceps braquial y el braquial aportan gran parte del torque flexor.
Su aporte puede ser concéntrico, excéntrico o isométrico, según lo que se necesite controlar.
Realiza la acción contraria. Puede relajarse para permitir el gesto o activarse de forma excéntrica para frenarlo con precisión.
Al flexionar el codo, el tríceps braquial acompaña el movimiento sin bloquearlo.
Apoya al agonista, aporta estabilidad o neutraliza una acción secundaria que estorbaría al gesto.
El deltoides posterior puede limitar el componente flexor glenohumeral del bíceps durante una flexión de codo.
El tríceps braquial es antagonista durante la flexión de codo y agonista al extenderlo. Por eso conviene analizar una tarea concreta antes de decidir quién hace qué.
Tres preguntas breves para comprobar que la lógica del movimiento quedó clara.
La forma visible del movimiento: posición, desplazamiento, velocidad y aceleración, sin atribuirle todavía una causa.
La cabeza del húmero rueda hacia superior y se desliza hacia inferior para mantener una relación articular adecuada.
También puede estabilizar una articulación o neutralizar una acción que el agonista produciría de manera secundaria.
Marca los tres bloques cuando termines la lectura.